Mi propia voz
- poritart
- 11 feb 2023
- 2 Min. de lectura
Esta es una edición de una entrada que tuve escondida entre mis borradores en el año 2020.
Aunque nunca sepamos cómo iniciar una auto-conversación, explicarte qué es lo que siento, describir lo que ves en la atmósfera, incluso ser brusca en la manera de decir qué piensas siempre ha servido para darle forma a las cosas que tenemos aquí arriba.
Estuve leyendo hace tiempo, cuando normalmente mi nariz estaba metida entre hojas de papel, que nunca se nos ha explicado de cierta forma que el escribir al igual que, en mi caso dibujar, es un hábito muy bello que requiere de paciencia, de tiempo, de ganas y que, incluso así como cada quien tiene su manera de trazar una línea y decide dónde ponerle colores, o como me gusta llamarlo a mí: "cómo miramos", lo mismo sucede al comenzar a escribir, pero recuerdo que no le llamaron "estilo" sino, tu propia voz. ¿qué tan demente y seductor suena eso? La verdad es que en ese momento cuando lo escuché, me pareció inalcanzable para mí.

Verás, recordando las pocas veces que escribo, y que lamentablemente han sido pocas, ha sido porque me lo pedían o porque quería darle un detalle a otra persona; en el año paralelo a la catástrofe emocional que traes actualmente, teníamos que escribir diario para tener una calificación en la escuela, la materia se llamaba "Dibujo II"... curioso, ¿no? aún guardo ese cuaderno horrible, y digo horrible porque es feo visualmente, ni si quiera me importaba donde iba a escribir mis cosas y lo primero que escogí fue una agenda medio mal impresa que me regalaron cuando entré a la Facultad, en esos momentos escribir para mí era algo tan pesado, tan aburrido, tan vergonzoso; así que escribía lo que fuera, escribía por escribir, además sabía que los lunes por las noches un intruso me leería para revisar que lo hacía... Ahora que lo pienso era un maldito entrometido irrespetuoso, que abusaba de su poder dentro del salón de la clase, se llamaba Guillermo.
Se suponía que teníamos que escribir nuestros sueños, nuestros pensamientos al despertar y cosas por el estilo, yo escribía siempre en las noches fingiendo que había despertado, pero no eran del todo mentira, siempre decía lo que más tenía en mente durante el día... Él y yo, y otros. Creo que solo hubo tres veces que lo hice bien, pero cuando me abría al fin, cuando llegaba a que me revisara, él me daba su opinión... y yo no tenía interés en escucharla. Así que dejé de hacerlo y empezaba a escribir sobre mi depresión y mi ansiedad.
He aprendido que las palabras escritas pueden ser un regalo, una declaración (...)




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